¡Ehi!, si hoy te haces mi mundo, mis rodillas tiemblan y los cíclopes escaparan de sus celdas, andarán acaramelados acariciándose por debajo de los ojos, caminando descalzos con sus pies violetas. Juegan a regalarse casualidades, vendiendo sus identidades por sombreros, de sus bocas resbala mermelada: “te quiero” “te amo” como si estuviesen en marte bajo estatuas griegas inmensas. Y si nos ven, nos miran de reojo, con el único ojo de neón saltón que tienen, nos miran curiosos queriendo levantarnos la falda.

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